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¿Amanecer o atardecer?

ESP TEXT:
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Hay un color que roza lo irreal, un amanecer que se desintegra en tonos opacos, como un suspiro atrapado entre lo que fue y lo que nunca será. El viento, frío y antiguo, arrastra partículas de un tiempo detenido, un eco distante que envuelve a un ser con ramas vacías. La tierra, árida y quebrada, cede bajo sus raíces metálicas, mientras la luz se difumina en el horizonte, incapaz de decidir si es un ocaso o un comienzo.

En este espacio, la vida se torna pesada, se percibe como un eco persistente en el vacío; un intento de reencontrar algo que se ha perdido entre capas de óxido y silencio. El cielo, vasto e indiferente, parece ofrecer un refugio que no se materializa, un abrazo frío en medio de un entorno familiar pero irreconocible. La sensación de pertenecer se vuelve ajena, y en cambio, la existencia se desliza entre las sombras como un recuerdo que aún se niega a desvanecerse.

Lo que nace de lo inerte respira un aire denso, con la amarga dulzura de algo nunca comprendido del todo. El tiempo se dobla, se confunde con la naturaleza inmóvil y la maquinaria que continúa, ajena a cualquier despertar. Y entre estos fragmentos de lo perdido y lo inevitable, se siente el impulso sutil de una conexión, una llamada apenas perceptible en el paisaje desolado, como si la memoria del cielo pudiera recordar lo que la tierra ya olvidó.
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ENG TEXT:
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There is a color that brushes against the unreal, a dawn dissolving into muted tones, like a sigh caught between what was and what will never be. The wind, cold and ancient, carries particles of a suspended time, a distant echo enveloping a being with barren branches. The ground, dry and fractured, yields under its metallic roots, as light fades on the horizon, unable to decide whether it is a sunset or a beginning.

In this space, life feels heavy, perceived as a persistent echo in the void—a striving to rediscover something lost among layers of rust and silence. The sky, vast and indifferent, seems to offer a shelter that never materializes, a cold embrace in a familiar yet unrecognizable landscape. The sense of belonging becomes foreign, and instead, existence slips between the shadows like a memory that refuses to fade.

What is born from the inert breathes a dense air, with the bitter sweetness of something never fully understood. Time bends, blurring with the stillness of nature and machinery that continues, oblivious to any awakening. And among these fragments of what is lost and what is inevitable, there is a subtle impulse towards connection, a barely perceptible call in the desolate landscape, as if the memory of the sky could recall what the earth has long forgotten.